En los viajes largos, la tentacion natural es sumar. Un destino mas, una noche aqui, otra alla, un hotel que parece imprescindible. Pero la experiencia rara vez mejora por acumulacion; mejora cuando cada lugar tiene tiempo suficiente para hacer su trabajo.
Reducir destinos no significa empobrecer el viaje. Significa evitar que la ruta se convierta en una mudanza elegante. Tres noches buenas suelen valer mas que dos noches excelentes si permiten llegar, respirar, entender el hotel y usar el destino sin mirar continuamente la siguiente salida.
En LAT.40 usamos una regla sencilla: si un lugar aparece solo para justificar una foto o una escala, probablemente no merece estar. Si cambia el tono del viaje, si ordena el descanso o si abre una experiencia que no se puede replicar en otro punto, entonces si.